Las Maysin frente a las Pérez

Por ejemplo, junto a mi habitación dormían dos jóvenes de la misma edad pero de procedencia, historia y experiencia distintas, que a mi me recuerdan dos lugares. Una de ellas, una chica belga muy guapa que estaba en España por su ERASMUS. Buscó la manera de coincidir con sus amigos en el viaje y pidió dinero a sus padres para poder vivir su experiencia y pensar un poco acerca de su vida.
La otra, se había cansado de esperar trabajo en Latinoamérica, había vendido todo lo que había podido, había obtenido el visado que es como una lotería, se había buscado un cupo en una universidad madrileña para hacer un master y probar vida en otro lugar y se había despedido indefinidamente de su familia, amigos, vida...
Un día de Maysin:
Estudiar español
Comer con los amigos
Dormir
Salir de compras
Ponerse guapa
Salir de copas, de cine, de fiesta, de cena, etc.
Fines de semana fuera de casa
Un día de Pérez:
Madrugar a trabajar o a buscar trabajo normalmente en el mercado negro.
Preparar comida
Ir a clase
Hacer trabajos de la universidad
Dormir
Fines de semana dentro de casa
Días como estos y muchos hechos más me mostraron una vez más el significado de la palabra desigualdad, pero no con su acepción política y trillada porque ya sabemos que el mundo es así, sino entendida como tal:
Desigual: Diverso, diferente y variado.
Así eran ellas, como esos dos lugares que tengo en mente.
La diferencia no radicaba en ser Maysin o Pérez, o puede que sí, históricamente, en el caso de los dos lugares. La diferencia radicaba en el tiempo que tenían para pensar en sus prioridades, sueños, miedos y expectativas. Una tenía 6 meses con todo pago para pensarlo y la otra tenía que sobrevivir y dejar de lado las reflexiones, como en aquel lugar.
Ha pasado mucho tiempo y ya no tengo a Maysin cerca pero creo que será grande y que logrará todo lo que se proponga por estar bien preparada, por ser buena y por llevar consigo una experiencia de interculturalidad que seguro le habrá dejado lecciones.
En cambio La Pérez, aunque no acaba su lucha diaria con la vida, ya es grande con sus rodillas raspadas, sus manos secas, sus papeles de estudiante y su sonrisa de par en par.
Nunca dejaré de agradecerles a las dos esta lección de vida. Con sus diferencias, para mí ambas han sido necesarias y precisas en el tiempo, tal como los dos lugares que tanto amo.

